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El lujo de sentirse a salvo

hace 2 horas
4 min de lectura

Una mirada desde los Colegios sobre lo que la Educación Superior podría estar dejando para después.


Director General de Estudio Elefante 


Si tiene algún comentario o sugerencia agradecemos nos lo haga saber a través del correo info@estudielefante.co 

Somos Estudio Elefante. ¡La fuerza detrás de las grandes ideas!



Desde hace varios años tengo la suerte de participar en el proceso de acreditación de alta calidad de los colegios oficiales en la ciudad de Bogotá. Sin duda ha sido uno de los procesos donde más he aprendido y he visto en la práctica, elementos que, de otra forma, se habrían quedado en mi mente como aprendizajes teóricos.


Una de las primeras cosas que noté cuando tuve la oportunidad de contrastar el nivel de educación básica y media con el nivel superior, fue la velocidad entre las instituciones que están en uno y otro. Mientras que en las Instituciones de Educación Superior parece existir una tranquilidad instalada, una sensación de seguridad, los Colegios por otra parte están lidiando desde hace varios años con la disminución progresiva de los niños, por ende, su supervivencia está seriamente comprometida en el corto plazo. 


Debido a esto y seguramente a otras cosas que en este momento no logro ver con tanta claridad, los Colegios se parecen mucho a un startup, en la medida en que están dispuestos a probar cosas nuevas rápido y con la intención de sobrevivir para la siguiente iteración, mientras que las IES tienden a tener una mentalidad más corporativa y, con frecuencia, se muestran reacias a probar cosas nuevas pues prevalece el “lo venimos haciendo así desde hace años y no vemos la necesidad de cambiar”. 


Este año fue particularmente revelador para mí ver cómo, mientras varias de las universidades en el país comienzan a pensar en la incorporación pedagógica de la IA en sus procesos, los colegios ya la han incorporado a varios de ellos.  


Me quedé de una pieza cuando vi como un Colegio había decidido construir un sistema de gestión documental empleando Claude Code y un repositorio en Google Drive comprendiendo que el poder del repositorio no está en el número de documentos que almacena sino en el conocimiento que puede extraerse de estos para generar nuevo conocimiento organizacional.


De igual manera fue especialmente llamativo para mí ver otro Colegio presentar un sistema para la gestión de varios procesos académicos implementados con un asistente de código similar, hospedado en una plataforma gratuita (pues no cuentan con presupuesto para comprar un VPS) y cuya adopción por parte de la comunidad es notable. Es, en el sentido que le dan Baker y Nelson (2005), un ejercicio de bricolaje: hacer con lo que se tiene a la mano. 



Entretanto, muchas universidades hacen lo que se espera de una institución responsable: redactar políticas para el uso de la IA. Y es urgente que lo hagan, pero reconociendo que la irrupción ya ocurrió, no como quien intenta reglamentar algo que todavía cree tener bajo control. Quizás el reto sea que, mientras se escribe el reglamento de la cancha, en la cancha ya llevan un tiempo jugando.


Me acuerdo justo ahora de algo que leí hace años en El telar mágico, de Robert Jastrow (1985), obra en la que se explica cómo los grandes dinosaurios perecieron por un cambio abrupto al que no supieron adaptarse, mientras que los pequeños mamíferos, hasta ese momento sin mayores posibilidades de sobrevivir, lo lograron al refugiarse en la noche, apoyados en sentidos más agudos y en cerebros proporcionalmente mayores que los de los dinosaurios, y salieron luego al mundo exterior cuando las condiciones volvieron a ser favorables. 


No sugiero de ninguna manera que los Colegios ya tengan resuelto el asunto de la irrupción de la IA en sus procesos, pero sí me ha sorprendido ver la forma en que se han adaptado y la están usando para resolver asuntos pendientes durante muchos años. Tampoco creo que la escasez, por sí sola, vuelva ingeniosa a una institución: Baker y Nelson (2005) estudiaron 29 firmas con recursos limitados y encontraron respuestas muy distintas ante entornos similares. Pero igualmente irresuelto se encuentra el asunto en las IES y allí, salvo muy contadas excepciones, no estoy viendo movimientos tan audaces.


Mi impresión es que a las organizaciones les ocurre algo parecido a lo que nos ocurre a las personas: quien se siente a salvo deja de luchar y se conforma, mientras que quien debe satisfacer su hambre hace todo lo que está a su alcance por lograrlo.

Los Colegios no tienen el lujo de sentirse a salvo, y quizás por eso se mueven. Las IES, en cambio, quizás no estén paralizadas sino activas en la dirección conocida: Sull (1999) llama inercia activa a la tendencia de las organizaciones exitosas a acelerar lo que siempre les funcionó cuando el entorno ya cambió. Así somos como especie, no nos sentamos a morir, luchamos por sobrevivir... salvo que estemos tan ocupados haciendo lo de siempre que no alcancemos a notar que el entorno ya cambió, una imagen que conviene tener presente.


La pregunta para una IES ya no es si tiene una política, sino qué está aprendiendo, hoy, de su propia práctica. Es una conversación que vale la pena tener antes de que el entorno la tenga por nosotros. 


Referencias 

  • Baker, T., y Nelson, R. E. (2005). Creating something from nothing: Resource construction through entrepreneurial bricolage. Administrative Science Quarterly, 50(3), 329–366. https://doi.org/10.2189/asqu.2005.50.3.329 

  • Jastrow, R. (1985). El telar mágico: El cerebro humano y el ordenador (D. Santos, Trad.). Salvat. (Obra original publicada en 1981) 

  • Sull, D. N. (1999). Why good companies go bad. Harvard Business Review, 77(4), 42–52. 

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