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Jóvenes reunidos

Acompañar el cambio cuando el cambio ya empezó

Hablar de transformación educativa suele implicar grandes anuncios, nuevos modelos y documentos estratégicos ambiciosos. Sin embargo, la experiencia de la Universidad Sergio Arboleda demuestra que los cambios más profundos no comienzan con un punto de partida claro, sino con un camino que se recorre durante años, con avances, ajustes y aprendizajes continuos.

 

Desde hace varios años, La Universidad Sergio Arboleda venía reflexionando sobre la necesidad de evolucionar hacia un modelo de formación por competencias y resultados de aprendizaje. En particular, su sede Caribe fue pionera en Colombia al confiar tempranamente en la necesidad de replantear la manera en que se diseñaban los programas, se enseñaba en el aula y se evaluaban los aprendizajes. Ese primer paso no fue un proyecto aislado, sino el inicio de un proceso institucional de largo aliento. 

En ese contexto, nuestra firma no llegó como un consultor externo con respuestas cerradas, sino como un aliado que se sumó a un proceso que ya estaba en marcha. El objetivo del proyecto que aquí relatamos fue fortalecer las competencias de los profesores de la Universidad, con el fin de avanzar de manera consistente en el despliegue del Modelo Educativo actualizado. Más que “implementar” el modelo, el reto era lograr que los docentes lo comprendieran en profundidad y lo hicieran propio en su práctica cotidiana. 

El principal desafío no estaba en la formulación conceptual del modelo —que ya existía—, sino en su traducción al aula. Diseñar microcurrículos por resultados de aprendizaje, garantizar la alineación curricular entre objetivos, actividades y evaluación, y responder a las características reales de los estudiantes implicaba un cambio profundo en la forma de pensar la docencia. Para muchos profesores, esto suponía revisar prácticas consolidadas durante años y enfrentarse a preguntas complejas sobre cómo y para qué se enseña.

 

El acompañamiento se dio entonces como un proceso continuo de formación, diálogo y reflexión pedagógica. Talleres, espacios de discusión y trabajo conjunto permitieron que los profesores no solo conocieran el modelo educativo, sino que comprendieran sus implicaciones prácticas. Poco a poco, el discurso institucional empezó a reflejarse en decisiones concretas de diseño curricular, en estrategias evaluativas más coherentes y en una mayor conciencia sobre el tipo de profesional que la Universidad buscaba formar.

 

Uno de los resultados más significativos de este trabajo ha sido la consolidación de una masa crítica de profesores formados en el modelo educativo de La Sergio. Docentes capaces de diseñar microcurrículos alineados, de pensar la evaluación como parte del aprendizaje y de asumir con responsabilidad el reto de formar estudiantes en un contexto marcado por la diversidad, la complejidad y el cambio permanente. Más allá de cifras puntuales, el impacto se percibe en la calidad de las conversaciones académicas y en la coherencia entre lo que la Universidad declara y lo que ocurre en el aula.

 

Esta experiencia deja un aprendizaje clave: los procesos de transformación educativa sostenibles no se logran a través de intervenciones puntuales ni de soluciones importadas. Requieren tiempo, confianza y colaboración genuina entre la institución y quienes la acompañan. Cuando la relación deja de ser un “encargo” y se convierte en una alianza, el cambio deja de ser una meta lejana y se transforma en una práctica cotidiana. 

 

La historia de la Universidad Sergio Arboleda invita a otras instituciones a mirarse en ese espejo y preguntarse no solo qué modelo educativo quieren tener, sino qué tipo de acompañamiento necesitan para hacerlo realidad. 

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