top of page
Configuración de la reunión virtual

Cuando las competencias genéricas dejan de ser “de nadie” y se convierten en responsabilidad de todos

En la educación superior, pocas discusiones son tan recurrentes —y a la vez tan complejas— como el desarrollo de las competencias genéricas. Se espera que los estudiantes las dominen, se evalúan en pruebas estandarizadas como Saber TyT y Saber Pro, pero con frecuencia no está del todo claro dónde, cómo y quiénes son realmente responsables de su formación. Este era el punto de partida de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) al iniciar este proyecto. 

La UNAD, principal exponente de la educación virtual en el país y con una amplia diversidad de programas académicos, enfrentaba el reto de fortalecer la evaluación y el desarrollo de las competencias genéricas sin desdibujar la identidad disciplinar de cada programa. Más que añadir nuevos cursos o contenidos, la pregunta de fondo era estructural: ¿Cómo lograr que el currículo, en su conjunto, asumiera de manera coherente y articulada el desarrollo de estas competencias?

El proyecto comenzó con un ejercicio profundo de análisis curricular. Durante cuatro meses, el equipo de Estudio Elefante trabajó de la mano con el equipo designado por la UNAD para revisar las rutas formativas de los distintos programas, identificar los espacios curriculares clave y mapear su contribución real al desarrollo de las competencias genéricas evaluadas en las pruebas nacionales. El objetivo no era señalar vacíos de forma aislada, sino comprender el sistema completo. 

Los hallazgos fueron reveladores. Se evidenció que muchos espacios curriculares, diseñados principalmente para el desarrollo de competencias específicas, ya tributaban de manera significativa a competencias genéricas como el pensamiento crítico, la comunicación o la resolución de problemas, aunque esto no siempre fuera explícito ni intencional. Al mismo tiempo, se identificaron brechas importantes en distintos momentos del proceso formativo, así como una fragmentación en la manera en que se asumía la responsabilidad sobre estas competencias.

 

Este punto marcó un giro clave en el proyecto. La discusión dejó de centrarse en “quién debería hacerse cargo” y pasó a enfocarse en la responsabilidad compartida. Las competencias genéricas no pertenecían a un área, un curso o un semestre en particular; eran el resultado de una construcción progresiva y transversal a lo largo de todo el currículo. 

A partir de esta comprensión, se diseñó un lineamiento académico claro y una ruta formativa orientada a fortalecer las capacidades docentes. El propósito era acompañar a los profesores para que, desde todos los espacios académicos, pudieran apoyar de manera consciente y articulada el desarrollo de las competencias genéricas, en armonía con las competencias específicas de cada programa. No se trataba de sumar exigencias, sino de alinear intenciones, prácticas y evaluaciones. 

 

El resultado fue una visión más integrada del currículo y una base sólida para mejorar el desempeño de los estudiantes en las pruebas Saber TyT y Saber Pro, sin sacrificar la profundidad disciplinar. Más allá de los indicadores, el proyecto dejó un aprendizaje central para la UNAD y para todos los involucrados: las competencias genéricas no se “agregan” al final del proceso educativo, se construyen día a día, cuando el currículo deja de verse como una suma de asignaturas y empieza a entenderse como una experiencia formativa coherente. 

Este caso invita a repensar una pregunta clave en cualquier institución de educación superior: ¿Qué pasaría si todos los espacios académicos asumieran, de manera consciente, su papel en la formación integral de los estudiantes? Muchas veces, la transformación no comienza con grandes reformas, sino con una nueva forma de mirar lo que ya hacemos. 

bottom of page